Sala Parés 2004
La lentitud inherente a mi proceso deja poco margen a la improvisación. Sin embargo en ocasiones sucede algo que hace que vea la obra desde otra perspectiva y que abre la posibilidad de llevarla en una dirección distinta, acaso radicalmente. Entonces, la mayor parte de las veces, considero el camino recorrido y sigo con el plan inicial, pero la duda persiste.
Creo que, actualmente, la fotografía digital ofrece posibilidades de solventar esta diferencia de velocidad entre la mano y la cabeza, entre el trabajo minucioso y la libertad de la improvisación. El proceso consiste en partir de una foto digital de un cuadro mío, alterándola mediante sucesivos retoques digitales hasta donde me interese, imprimirla luego en papel fotográfico Kodak Ultra Endura pegado sobre tabla y a partir de ahí continuar la obra pintando.
La imagen digital establece la nueva identidad de la obra, y el óleo la fija.
Si es cierto, como dicen, que la fotografía ha devorado a la pintura, no veo por qué la pintura no puede devolverle el favor. No me refiero con esto a un procedimiento que recurra a la cita de carácter postmoderno, sino a una auténtica devoración, en la que lo devorado pasa a ser substancia orgánica de lo que lo devora.


